jueves, 14 de diciembre de 2017

Iniciar una relación de pareja con una persona herida


El problema de empezar un vínculo con una persona herida, psicológicamente hablando, es que es posible que, cuando esta sane, nos abandone y los que quedemos maltrechos entonces seamos nosotros

¿Te sientes atraído por esa persona herida que aún tiene el corazón destrozado? Hay personas que tienden a convertirse en salvadoras o sanadoras.
Les atrae ese tipo de personas que necesitan que alguien las recomponga.
Sin embargo, no son conscientes del riesgo que corren al sumergirse en una relación con una persona herida.
Se trata de una persona que necesita pasar por un duelo y que necesita estar un tiempo sola.
Complejo de sanadores o enfermeros de guardia

Tener complejo de sanadores o de enfermeros de guardia nos hace estar alerta sobre cualquier persona herida que pueda necesitar de nuestros cuidados.
Una persona quizás destrozada por una relación tóxica, violentada, dañada, humillada… Alguien a quien no supieron amar como se merece y que nosotros acogemos como si no pudiese valerse por sí misma.
Le lamemos las heridas, degustamos ese momento en el que le brindamos mil y una esperanzas y esperamos hasta que se produzca un pequeño paso adelante.
Es posible que te reconozcas entre las personas con este perfil. Si tienes complejo de sanador, tal vez los motivos se encuentren a continuación:
·         Tus padres no supieron cubrir tus necesidades básicas de pequeño ni darte el cariño y atención que precisabas. Para suplir esto, haces con los demás lo que a ti te faltó.
·         Tus parejas fueron todas muy autoritarias y agresivas, así que contemplas a las personas más vulnerables y dañadas por otros como posibles parejas perfectas. Te vas al extremo opuesto.
·         Desde tu más tierna infancia has vivido complaciendo a los demás, por lo que te encuentras en tu salsa cuidando de alguien y complaciéndolo en todo lo que le haga falta.
·         Debido al miedo al abandono y el rechazo crees que siendo complaciente y lamiendo heridas querrán estar contigo. Consideras que tu manera de actuar hará que los demás paguen el favor de esa manera.
Como has podido ver, la actitud de acoger a una persona herida sin darle tiempo a que ella misma se sane es fruto de una experiencia difícil vivida en carne propia.
Sin embargo, lo que no percibimos cuando iniciamos una relación con una persona herida es que, al final, los que terminaremos heridos seremos nosotros.
Cuando la persona herida renace

Casi podríamos decir que es una constante y es que esa persona herida termina renaciendo y tirando para delante gracias a los cuidados de quien fue su sanadora.
Sin embargo, ¿qué ocurre cuando renace? Lo que sucede es que la persona herida emprende el vuelo y se marcha dejando a quien se encargó de su dolor sola y abandonada.
Esta situación deja a la persona sanadora destrozada. No solo porque lo ha dado todo por alguien que estaba dañado, sino porque, cuando ese alguien se va, ¿qué le queda?
Además de tener que recoger sus pedazos rotos, tiene que recoger su dignidad. Pero, sobre todo, enfrentarse a sus miedos más profundos: la soledad, el abandono, la humillación de no ser la elegida.
Lo más curioso es que pensará que esa persona es una desagradecida. No obstante, no dudará en tenderle la mano a la próxima persona herida que se encuentre por el camino e iniciar una relación de nuevo.
Cada uno debe salvarse a sí mismo

Las personas que están habituadas a ser salvadoras creen que esto es positivo.Sin embargo, les arrebatan a las demás la posibilidad de enfrentarse a su dolor solas.
No podemos salvar a los demás. Eso evitará que se fortalezcan, que sepan que por ellos mismos pueden recomponerse y que no necesitan a nadie que libre sus batallas por ellos.
Entrar en una relación con una persona herida es correr un gran riesgo. El riesgo de que, cuando esta se sane, se vaya y nos abandone. El riesgo de sanar a quien, quizás, después, se transforme en alguien tóxico.
Tenemos que ponernos freno y no entrar en relaciones con personas dañadas, que se sienten incompletas. Para iniciar una relación sana, ambas personas deben haber solucionado sus problemas previamente.
Si no es así, la relación estará condenada al fracaso y, en el peor de los casos, saldremos más perjudicados de lo que pensábamos.

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